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PRÓLOGO —
LAS PARROQUIAS CLANDESTINAS

Una parroquia clandestina no es un bar
Ni un templo
Ni un sitio concreto
Es un tipo de encuentro
donde tres, acaso desconocidos, se reconocen sin presentarse

Con roles intercambiables:

— El agitador
mueve el aire
hace la pregunta que abre el portal
destila ruido sin imponerse

— El que late
escucha, asiente, mide, afina
guarda la memoria emocional del lugar

— El párroco, tabernero, árbitro, sereno…
sabe dónde colocarte, cuándo callar, cuándo seguir…
custodio del ritmo humano

Una parroquia clandestina puede ocurrir
en un banco de la calle,
en farmacia,
portal,
terraza,
o en una taberna de esas que no cambia de nombre

…aunque cambie el negocio

Son células pequeñas de contrapoder suave

Lugares donde un barrio se acuerda de sí mismo
y donde la vida se ordena sin pedir permiso

Ahora sí:

Sitúate en una.

UNA PARROQUIA CLANDESTINA
11 · 11 · 2025

Entramos mi madre y yo
Íbamos a sentarnos al fondo,
pero el tabernero —párroco de este pulso clandestino—
nos mira, nos mide y decide:

— «Ahí no. Mejor en la mesa»

Obedecemos
No manda el cliente: manda el sitio

— «Ayer estuve en tu barrio»

Él responde, ágil:
— «¿Tomando algo? ¿En el gallego sería»

— «Joder, sí… »

Y añado:
— «Pero antes estuvimos en la plaza…
la encontré desalmada»

Asiente despacio:
— «Está muy desangelada.»

En la barra, boina y patillas escucha
No entra
No interrumpe
Pero late
Asiente con la comisura de la boca,
como quien reconoce la conversación antes de que ocurra

De pronto se levanta, con esa cadencia
Sale a fumar
Le sigo

Fuera, sin presentarse, suelta:
— «Tenías que haber visto este barrio en los 70»

Y se abre el portal:

Destila…
Gente que se reconocía por la voz, por los gestos, por el humor
No había sereno porque no hacía falta:
el barrio entero se cuidaba a sí mismo

— «Me fui porque desde finales de los 80, principios de los 90…
la gente empezó a meterse para adentro»

Esa frase cae como plomo suave
Lo explica todo sin dramatizar

Yo saco la Malasaña de los 90:
música, bares pequeños, noche larga,
miles de opciones, calle incluída

Otra libertad

Él sonríe con la misericordia del veterano:
— «Eso ya era el resopón.
La pitanza fue en los 80»

Menciono el Alí Fanfarrón

De inmediato:
— «Eso estaba al lado del Malandro»

Y yo:
— «Al Malandro iba porque ponían a Los Enemigos, sin pedirlo»

Y ocurre
La mirada exacta
El reconocimiento musical

— «Yo trabajé en el Malandro. Y en el Ágapo, con Josele. Lo llevaba su novia»

Y algo se coloca

Porque mi portal hacia ese mundo no fue Madrid
Fue Almería
Fue mi hermana
Fue aquel novio suyo —que se fue pronto—
en aquel chiringuito suyo, que por la noche era templo

Me dejaba poner música,
me invitaba y consentía

Una noche apareció Fino, invitado por alguien
Lo miré y no se si me miró
No hablamos
Pero desde entonces, cuando nos cruzamos,
juraría que intenta ubicarme

Se está acababdo el pitillo,
menciono el Freeway

Brilllito en su cara:
— «El bar de Miguel. Mi amigo»

Decimos “Sex Museum” casi a la vez
Risilla

— «Trabajaba mi hermana,
Miguel me consintió también algunas cosas…»

Reímos,
de puro mapa compartido

— «¿Cómo te llamas?»
— «Fernando»
— «Yo también»

Dos Fernandos
Los Enemigos
Almería
Malasaña
Nueva España, la de Madrid
Una parroquia clandestina

Por pura gravedad

Volvemos dentro
El tabernero limpia la barra como si moviera un altar
Y al cerrar la puerta sé que hay lugares que no se visitan:
se heredan

UNA SEMANA DESPUÉS

Volví con mi mujer y mi cuñada
Él —boina y patillas— me ve en su sitio

Castizo, leve
se toca la boina con dos dedos

— «Buenas, tocayo»

Como si la conversación siguiera por debajo del suelo.

UNA COSA MÁS

En los 70 este barrio no necesitaba serenos
En los 80 tampoco
En los 90 empezó a gritarlos sin decirlo
Hoy los necesita a voces

No es volver atrás
es escuchar

Nueva España Serena es una idea sencilla y posible:

Crear un país nuevo de cuatro manzanas
online u offline, pero…

Sin pedir permiso,
financiado con lo que ya pagamos de más

Sin épica
Sin banderas
Sin ruido

Un micropaís capaz de generar:

— cuidados
— empleo real
— serenos del siglo XXI
— conexión entre vecinos
— un contrapoder suave, cotidiano
— un barrio que vuelve a mirarse

No se trata de grandes gestas
Se trata de volver a escucharnos

A veces un país nuevo empieza así:
con boina, patillas,
una cadencia que invita,
y un «buenas, tocayo» que abre un país entero


Fernando Jota González
jota@malapraxis.es